Los gremios fueron inventados muchos años atrás. Se remontan hasta antes de la Revolución Francesa pero se entienden realmente en este movimiento: los grupos económicos necesitan unirse para defenderse de los demás, de los gobernantes, etc. En el siglo XX la mayoría de sectores económicos se unieron y fortalecieron juntos para poder vender más, exportar, comercializar y abrir diferentes canales de venta compartidos. Hace 100 años, en Colombia se celebró la feria agroindustrial, una feria que celebró el avance tecnológico logrado en el país hasta el centenario y que, por obvias razones por estar en las puertas del siglo XX, se relacionaba directamente con los avances agrícolas. Esta feria es la muestra de una agremiación colombiana de hace cien años que logró fortalecer la industria hasta incluso hoy en día.
Sin embargo, la cultura, que hasta la última década de los 90 no se empezó a considerar como una industria (a pesar de los altos ingresos de Hollywood, las editoriales, disqueras, etc.) que puede agremiarse. Los artistas simplemente se vinculaban a una empresa, fuera del sector que fuera, para que comercializara su trabajo: los músicos confiaban en las diqueras, los actores en las productoras y los escritores en las editoriales. Nunca vieron la necesidad que si vieron muchos otros trabajadores de agremiarse para defender sus derechos que en este caso son mucho más fuertes porque implican los derechos de autor (sin importar el método de protección utilizado). En la década de los 90, con el comienzo de las tecnologías de la información y la Web, muchos vieron la necesidad de independizarse para vender su producto alejados de la protección de las grandes empresas y comenzaron a ver resultados: Trent Reznor montó su propia disquera y estudio de grabación para promoverse y a las bandas con cierta afinidad amistosa o musical; varios directores de cine empezaron a buscar subsidios para sus películas; artistas a copiar modelos como los de Andy Warholl, etc. No obstante, hoy en día, cuando la cultura está conformada más que todo por estas pequeñas empresas que promueven el arte de artistas independientes (y miembros de la empresa usualmente), se está empezando a realizar un trabajo en Red entre éstas. Esto, en términos tradicionales, es una agremiación; que lo hacemos a través de las redes sociales, de Internet y sin ponerle un nombre claro, Sí!, pero eso no le quita la agremiación y la necesidad de protegerse y de fortalecerse con ella.
Ahora los artistas suben su trabajo a la Red para que otros lo mejoren, otros lo comenten, y otros finalmente lo compren. Esto, lo que está logrando, es la vanguardia de la agremiación. Por eso (y por muchas otras razones, claro), las industrias creativas fácilmente pueden llamarse las industrias del S. XXI.
Los invitamos a seguir trabajando en Red, y desde PRANA siempre estamos dispuestos a ayudarlos a conformar esa red y fortalecerla con más y mejores alianzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario